Yo creo, yo pienso, yo siento. Lo que pienses tú no me importa, porque tú no eres yo. Porque yo no soy tú. Porque yo soy mejor... ¿o no?
Tengo miedo de despertar un día y descubrir que todo ha sido un error; que tu ropa nueva es más hermosa que mi vestimenta a la última moda, traída directamente desde París; que esa nariz nueva que haz construido, supera a mi figura liposuccionada por el mejor especialista de la ciudad. Tengo miedo de que descubras mi verdad, una verdad callada. Esa verdad es que yo soy como tú. Con defectos y virtudes, con triunfos y fracasos. Tengo miedo que me utilices, que me domines. No quiero que lo sepas. Porque entonces moriré. No te lo diré ni al atardecer, cuando la noche se hace roja y los murciélagos nos llaman conspicuamente. Nunca te lo diré, aunque tengamos que repetir día tras día el rito, aunque los niños nos embadurnen de su vómito temeroso, aunque lo que ha unido Dios que no lo separe el hombre, aunque seas mi marido y yo tu mujer…