Si hay algo que siempre me ha costado hacer es demostrar cariño.
Digamos que casi nunca aprendí,
nunca fue de vital importancia que yo supiera como hacerlo.
Es triste, casi patético, pero en cosas súper simples se nota lo poco que demostraba.
Por ejemplo: nunca le he dicho a mi papá que lo amo. Él tampoco a mí.
Lo damos por descontado; si sabemos que nos queremos ¿para qué decirlo?
Tampoco sabía nada sobre el contacto físico,
por llamarlo de alguna manera.
No sabía dar abrazos e intentar consolar gente, simplemente, me desesperaba.
Tuve que aprender, no fue nada fácil.
En especial, si uno jamás en la vida hizo el más mínimo intento por revertir la paupérrima condición.
Y, ahora, mirando atrás...
¡No puedo más que alegrarme de haber aprendido algo!
Aunque sea un poquito.
Necesito demostrarte cuánto te amo,
necesito decirte cuánto te amo...
Eso sí lo aprendí de tí: me enseñaste a decir te amo